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Curiosidades digitales

¿Qué es low-code?

Los enfoques de low-code pueden ayudarlas a avanzar más rápido. En medio de cambios rápidos y una gran incertidumbre.

¿Qué es low-code?

Con la tecnología digital impulsando todo, desde la forma en que funciona una empresa hasta los productos y servicios que vende, compañías de sectores tan diversos como el comercio minorista, la manufactura y la banca necesitan, además de dominar las habilidades y capacidades específicas de su industria, destacar en el desarrollo de software. Sí, el desarrollo de software se ha convertido en una ventaja competitiva.


Una investigación de McKinsey (Developer Velocity: How software excellence fuels business performance) creó una métrica llamada Developer Velocity Index (DVI), que señaló datos que muestran el valor de que las organizaciones sean buenas en el desarrollo de software.

Las instituciones situadas en el cuartil superior registraron un aumento de los ingresos, durante el período observado, de 2014 a 2018, entre cuatro y cinco veces más rápido que las puntuaciones del cuartil inferior. Las empresas del cuartil superior también mostraron una rentabilidad total para los accionistas un 60 % mayor y márgenes operativos un 20 % mejores.

Además, las compañías del cuartil superior demostraron ser más innovadoras, con una puntuación un 55 % mejor en innovación que las empresas del cuartil inferior. Es posible que, con la pandemia y la aceleración digital que provocó, estas cifras hayan aumentado aún más.

Hoy es evidente que, en la mayoría de los sectores de la economía, las instituciones capaces de ofrecer un producto competitivo con una excelente experiencia digital sobreviven y, en muchos casos, prosperan, mientras que sus competidores que no lo consiguen muestran un peor desempeño o simplemente quiebran.

En el centro de toda esta transformación digital está el software y la comprensión de su importancia, para que las empresas puedan ser resilientes y adaptarse a los cambios inherentes a la forma en que las personas trabajan, viven, compran y experimentan los productos y servicios.

Esto es claramente una invitación a la acción para revisar estratégicamente cómo están posicionadas las instituciones para desarrollar soluciones de software que digitalicen ofertas en torno a la experiencia del usuario.

La industria del software ha cambiado considerablemente en la última década de tres maneras significativas:

- Integrado al negocio: el software está provocando cambios y reinventando el funcionamiento de sectores tradicionales como los servicios financieros, el comercio minorista y otros. Sin lugar a dudas, la mayoría de las empresas modernas de éxito, como Tesla, Amazon, Nubank, iFood y Magalu, son ejemplos en los que el software está en el centro del negocio y ha cambiado básicamente la experiencia del usuario.

- Velocidad: la rapidez con la que hay que introducir nuevos programas y funciones en el mercado se ha acelerado a un ritmo inimaginable. Ya quedaron atrás los días en que una institución podía esperar años o meses por un nuevo programa, cuando prevalecían metodologías antiguas como el modelo «waterfall». Actualmente, los nuevos sistemas deben implementarse en semanas o días mediante modelos «ágiles» de creación de software.

- Costo: el esfuerzo necesario para desarrollar software ha disminuido radicalmente a medida que empezaron a utilizarse nuevas tecnologías y modelos, como el código abierto, la computación en la nube y low-code.

Una tendencia con potencial para cambiar mucho el panorama del desarrollo de software es el modelo denominado era «no-code/low-code». Esto se debe a que hoy se prevé que low-code será responsable de más del 70 % del desarrollo de aplicaciones para 2025. 

Varias de las mayores compañías tecnológicas del mundo ya tienen soluciones disponibles para implementar, y los inversionistas están colocando millones de dólares en startups del segmento.

Una plataforma de desarrollo low-code (LCDP, Low-code Development Platform) es un software que genera el entorno que utilizan los programadores para crear aplicaciones de software mediante interfaces gráficas intuitivas y fáciles de usar, en lugar del esfuerzo tradicional de programación.

La adopción y el interés por las plataformas low-code están aumentando masivamente porque la demanda de cada vez más software crece exponencialmente, al mismo tiempo que las organizaciones necesitan aumentar su velocidad digital, sin depender de la disponibilidad de más programadores. Con las plataformas low-code es posible crear software en menos tiempo y dedicar menos tiempo a la programación.

La tecnología es relativamente fácil de adoptar porque no exige un conocimiento profundo de los lenguajes de programación, dado que la codificación en sí pasa a ser marginal durante el proceso de desarrollo.

Como el desarrollo mediante plataformas low-code es muy rápido, fomenta un enfoque más ágil. Por lo tanto, el desarrollo puede crecer de forma incremental e iterativa, lo que permite que los usuarios finales visualicen y den forma a la solución a medida que se desarrolla y, de este modo, garantiza que esté bien alineada con sus necesidades.

Las soluciones low-code equipan a los desarrolladores ciudadanos, colaboradores sin experiencia en programación profesional, con bloques visuales para crear por su cuenta aplicaciones departamentales y funcionales, mientras trabajan bajo la administración y el control de TI.

Al mismo tiempo, low-code permite a los desarrolladores profesionales crear, personalizar e iterar aplicaciones que potencian las operaciones e interacciones más relevantes de sus organizaciones. Este es un aspecto interesante: los desarrolladores no van a desaparecer, pero dejarán de realizar trabajos repetitivos y monótonos.

Los desarrolladores profesionales aumentarán su valor, ya que podrán centrarse en resolver los desafíos más interesantes y abordar las demandas que requieren soluciones más sofisticadas. El resultado es que las instituciones que utilicen desarrolladores y herramientas low-code serán más eficientes que las que solo utilicen desarrolladores.

Las soluciones low-code también cubren la brecha entre los profesionales con experiencia en el ámbito empresarial y los desarrolladores especializados, para que los equipos multifuncionales puedan comunicarse y trabajar durante todo el proceso de desarrollo, y así garantizar que las aplicaciones ofrezcan los resultados previstos.

Sin embargo, el movimiento low-code/no-code todavía no se comprende por completo. Aún hay desconocimiento y confusión entre las empresas y los proveedores. Incluso los términos low-code y No-code son engañosos, ya que la diferencia no consiste en si las personas necesitan programar o no. La distinción tiene más que ver con los tipos de personas que utilizan estas plataformas para diseñar aplicaciones.

En no-code están los «desarrolladores ciudadanos», usuarios de negocio que pueden crear aplicaciones funcionales, pero generalmente limitadas en alcance y funcionalidad, sin tener que escribir una línea de código. Low-code, por otro lado, se centra en los desarrolladores profesionales y agiliza y simplifica su función, al ofrecer aplicaciones de nivel empresarial con poca o ninguna codificación manual.

Enfocarse en los perfiles de usuario en lugar de en la codificación genera un marco de referencia más adecuado. No tenemos que elegir entre no-code o low-code. La innovación puede surgir de los desarrolladores ciudadanos, pero después de ese inicio, los desarrolladores pueden hacerse cargo del trabajo, perfeccionarlo y complementarlo.

Aún quedan algunas barreras por superar. Una de ellas es la evolución y maduración de las tecnologías low-code/no-code, pero la otra, y más desafiante, es el obstáculo que representan los modelos mentales actuales que impregnan el paradigma del desarrollo de sistemas.

Así como los avances de la tecnología y la IA en la medicina generan temores infundados de que las máquinas sustituirán a los médicos, lo cual no ocurrirá, pero sí sacarán a los robots de dentro de los médicos, liberándolos de las tareas automatizables que realizan hoy y haciendo que la medicina sea más humana, las tecnologías low-code/no-code también generan temores entre los profesionales actuales del desarrollo de sistemas y las empresas de consultoría que desarrollan software.

Si tomamos una aplicación empresarial construida de la manera tradicional, que puede requerir, digamos, seis meses, una docena de desarrolladores y dos millones de reales para construirse e implementarse, y reducimos esas cifras a dos semanas, tres personas y cien mil reales, y terminamos con una aplicación posiblemente más rápida, de mayor calidad y más flexible para poner en marcha, ¿quién sale perdiendo?

El uso de plataformas low-code y no-code requerirá nuevos modelos de gobernanza en el área de TI de las compañías. Así como antes las organizaciones unieron desarrollo y operaciones para generar el modelo DevOps, low-code/no-code exigirá dar un paso más, incorporando las áreas de negocio al contexto y estableciendo nuevos modelos de administración.

La mayoría de las organizaciones está en camino de convertirse en digital. Al democratizar y agilizar el desarrollo de aplicaciones, los enfoques de low-code pueden ayudarlas a avanzar más rápido. En medio de cambios rápidos y una gran incertidumbre, este es un beneficio que no se puede ni se debe despreciar.